Nos besábamos. Luego, nos besábamos más. Y después, mucho más. Pero al
poco tiempo ya no era suficiente. Al poco tiempo, las manos empezaron a
deambular, la ropa empezó a desprenderse. Era lo que yo siempre había deseado…
pero parecía ir deprisa. Demasiado deprisa.
...
Y yo me resistía. Todo cuanto hacíamos se convertía en una lucha
constante por ver hasta dónde cedería yo.
-Club de los Corazones Solitarios-
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